martes, 12 de octubre de 2010

querido y desocupado...

casa.

el lugar en que vivo me recuerda una posada del Quijote. no, regreso. el lugar en el que vivo es igual a la imagen que tenía de las posadas cuando leía el Quijote. torres que recuerdan minaretes. baldosas con patrones árabes. puerta gigante. aire de laberinto. tiene, además, frases pintadas en algunos azulejos del piso: "el que con vino se acuesta, con agua se levanta", "de noche todos los gatos son pardos", "para dar y tener, seso es menester", "prometer y no dar, es gran locura". dibujos con pretensiones de aguafuertes, representando escenas de... justamente del Quijote. he llegado al lugar más literario posible. a veces, para matar el tiempo, me imagino que en el entrepiso está durmiendo el Quijote al lado de las vasijas de vino que termina rompiendo. o me figuro a sancho volando por los aires (buenos) en el patio -en el que siempre toma el sol una gata con manchas blancas y negras, me dicen pesa 9 kilos- mientras lo mantean hasta llegar más arriba del obelisco. sueño con la campesina que mataba de amor a los pretendientes, pero mis sueños toman la densidad de la cueva de montesinos. las cosas se empiezan a mezclar: veo a mi querida G jugando a los títeres con maese pedro, miro a W encima de la carreta de la muerte, y todos los conocidos toman la imagen de sansón carrasco, del caballero de los espejos, del caballero del verde gabán o de los condes.

hay días de tristes figuras y otros de noble estampa.

pienso en él todo el tiempo: cuando como lentejas los viernes o duelos y quebrantos los sábados, cuando salgo con una armadura vieja a las calles, cuando leo papeles de la calle como el autor desconocido, cuando me siento feliz con ínsulas imaginarias, cuando me asustan los golpes de los batanes, cuando soy saltimbanqui desnudo sobre sierra morena. igual que él, me quiero reconstruir, auto definir, crear una imagen de mí mismo. no importa que sea real o literaria (a estas alturas ya no distingo ficción y realidad -bovarismo-), pero que sea una imagen con la que me sienta bien. cuándo me veré representado falsamente en una imprenta. cuántos golpes de bandoleros me esperan. cuántas doncellas trifaldi inventaré. cuántos ladrones de camino liberaré y cuántos inquisidores atacaré. cuándo viajaré a marte o venus en clavijero. espero, al menos, terminar el resto de mis días bajo un árbol. viendo el horizonte. hablando con un viejo amigo o con la princesa trifaldi que resulte más real. haciendo planes de ser pastor. y no morir inmediatamente después. poder hacerlo y disfrutar. respirar el aire de la vejez mientras recuerdo: los viejos días en el minarete, aquel momento en que me convertí en ficción, cuando llegué a Buenos Aires.

1 Comentarios:

Anónimo dijo...

Qué lindo post.

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